El paso necesario para un
futuro sostenible
“Así como el oro se hace tesoro, las
tierras de América forman el paraíso”. El autor Eduardo Galeano describe de
esta manera en su obra Las Venas Abiertas
de América Latina, la riqueza de biodiversidad que abunda en el continente.
Tierra descubierta por Cristóbal Colón, alguna vez nominado el “Nuevo Mundo”,
en la cúspide de este paisaje, un daño grave amenaza su “pasarela”.
América es reconocida como la
Superpotencia en biodiversidad, cuna del 40% del total Mundial, las 35 naciones
que conforman el continente, albergan 33% de los mamíferos del planeta, 35% de
reptiles, un 43% de las aves y el 50% de anfibios y bosques tropicales del
total. Tocando el mundo de norte a sur, las variaciones de ecosistemas y
especies relucen una calidad de vida única, donde la alegría y la pampa
resuenan en la “Joya americana”. Cobijando con sus frutos, los habitantes de
esta tierra gozamos de los mejores beneficios, pero, ¿son para siempre?
No. Lo difícil no es reconocer la
problemática, sino revertir los daños causados. La concienciación general lleva
a muchas interrogantes, más que soluciones, sobre la responsabilidad a tomar de
acuerdo con el gran fenómeno en “juego”. Somos un pueblo con doble moral, con
una tierra rica en belleza, pero pobre en cultura.
América está enferma. Como
órgano del mundo, los niveles de contaminación y daños ambientales, evolucionan
con el crecimiento de la región. Se estima que para el 2030 el producto bruto
regional se duplicará, la brecha social se continúa ensanchando, donde el rico
es más rico y el pobre más pobre. La clase media subirá a 500 millones de
personas, y por ende los desechos que producen; además, el consumo general de
agua aumentará en un 25% junto al 50% de la demanda eléctrica.
El Rector de
UCI, Eduard Müller es enfático en el problema. “Consumimos en un año lo que
tarda en producir el planeta en 18, o reducimos nuestro consumo a la mitad, o
la herencia a nuestros nietos, será ocho veces peor que la nuestra”.
Los enunciados de Carta de la Tierra
nos muestran un rumbo por tomar, para lograr consolidar un compromiso necesario
para la sostenibilidad de la vida natural a futuro. Existen, en la actualidad,
técnicas y roles, para conservar y aprovechar la condición natural de nuestra
región. Seguridad hídrica, fertilidad de suelos, polinización, alimentación,
mitigación de desastres, climas regulados, entre otros recursos vitales para
crear un mundo justo, pero antes, es necesario asumir un verdadero rol social
como personas.
“Otro mundo es posible, no, ¡Otro mundo
es necesario!”. Con esta frase el
teólogo y ex cura brasileño Leonardo Boff recalcó la importancia de saber
cuidar el planeta como una forma singular de vida. No con palabras, ni
compromisos, sino con una ética de acción. En el marco de Cátedra de la UNESCO
de educación en esta temática, con la Carta de la Tierra y en un momento donde
las tensiones entre las Coreas y Estados Unidos, Siria, Egipto, entre otras
naciones alarman al mundo. Boff hace un llamado a la paz y a crear una cultura emergente
contra la guerra, para el bienestar de la civilización y el planeta.
“Los valores inculcados en el Siglo XX
no sirven, o cambiamos, o morimos”. Boff
analiza las costumbres consumistas y de valor monetario que predominan en la
actualidad. Vivimos en una sociedad donde el valor de su gente se mide por el
tamaño de su billetera y como respuesta el brasileño, que participó en
la redacción de la Carta de la Tierra, enfatiza en aprender a escuchar los
signos de la tierra, mediante la inteligencia emocional y espiritual. Viendo a
la tierra como un individuo al que poco a poco, le abrimos más heridas o
grietas.
Similar a la hipótesis de Gaia de Lovelock (conjunto de modelos
científicos de la biosfera que mantiene condiciones adecuadas para sí misma
pero afectando su entorno), el humano es egoísta por naturaleza, pero con
matices de daños irreversibles. “Hay suficiente en el mundo para cubrir las
necesidades de todos los hombres, pero no para satisfacer su codicia”, Mahatma
Gandhi.
Solución.
Son muchos los puntos
por mejorar, para llegar realmente a una conciencia de desarrollo sostenible y
filosofía “verde”. Comenzando desde romper dentro de las empresas el falso
papel de responsabilidad social y convertirlo en un verdadero rol social de
cambio, pasando por políticas de ética de cuidado y aprovechamiento, hasta
modelos de concienciación aplicados y movimientos pro ambiente.
Es necesario
unir fuerzas para lograr los cambios, pero todo comienza de adentro. Es la
pequeña costumbre de apagar una luz para ahorrar energía, de separar sus
desechos en plástico, vidrio, orgánico y aluminio, de reutilizar, de llevar a
compañeros de trabajo, o de usar la bicicleta. El cambio verdadero está en uno
y en una visión compartida a un mundo mejor. Esta responsabilidad debe ser
llevada a todos los grupos líderes del mundo. El Secretario General de la ONU,
Ban Ki Moon comentó que como sociedad de conjunto hemos fracasado por mejorar
nuestras costumbres. Es hora de cómo unidad revertir los efectos y remoldar el
mundo.
Diversos movimientos nacen con la
esperanza de un desarrollo sustentable. The Earth Hour, WFF, Biodiversity
Partnership of Mesoamerica, Mensaje sobre el Cambio Climático de Al- Gore,
Fundación R21, Let’s do it Italy, Rio+ 20, Cumbres de Naciones Unidas, entre
muchas otras. Surgen bajo estos pilares, para generar conciencia y formar a
todos los cuerpos de niños, jóvenes y ancianos, a formar parte de una política
de acción, y potenciar el compromiso “verde” a todo el mundo.
Darle a la tierra su valor, es una
deuda milenaria, respetar los derechos fundamentales de todos como una fuerza
equitativa, también. Si no se integran las relaciones humanas, con qué
compromiso se heredará a las futuras generaciones una oportunidad de vida, o a
los animales una forma de subsistir. La formación de profesionales debe ser
integral en esta temática, sobre todo, en aquellos que lideran empresas de gran
producción contaminante, químicos, fertilizantes, industrias de caucho,
petroleras y demás. Es vital fortalecer los sistemas democráticos y erradicar
de raíz los procesos contaminantes, discriminatorios o agresivos, que pudieran
ocasionar una ruptura de la conciencia ecológica.
Es importante comenzar a producir
estos lineamientos pues el tiempo nos lleva ventaja y el soporte de la tierra
cada día es menor. Se debe creer en nuevas costumbres y culturas que fomenten
la proyección de un mundo sostenible, bajo las bases de responsabilidad social,
ahorro, sentimiento, amor, equidad y trabajo. Con el fin de liderar nuevas
generaciones, que sostengan los cambios necesarios para un porvenir más verde y
sostenible.
“La mejor herencia que podemos dejarle
a nuestros hijos son: el amor, el conocimiento y un planeta en el que puedan
vivir. Sin ambiente, no hay futuro”.